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sábado, 4 de diciembre de 2010

Mente millonaria


El primer paso es desearlo. Desear algo quiere decir anhelarlo con una actitud activa. Todos los pensamientos y las acciones de la persona están dirigidos a adquirir el objeto de su deseo. Como una persona enamorada no descansa hasta alcanzar la compañía de su amado. Casi obsesionado con el objeto de su deseo, la persona enfoca todos sus esfuerzos hacia su objetivo. No depende de la suerte, sino que construye su propia fortuna.

El segundo paso es saber hacerlo. Aquí también la mayoría de las personas, de forma equivocada, creen que para ser rico hay que trabajar duro, cometer fraudes y ser deshonestos. Por lo tanto muchas personas evitan este objetivo porque no quieren ser desleales a sus criterios y creencias. Por consiguiente, tachan a los ricos de deshonestos e injustos.

Ser rico no es equivalente a matarse trabajando ni engañando a los demás. El secreto está en encontrar un producto o servicio que pueda añadir valor a la vida de un gran número de personas. El límite de la riqueza reside en el número de vidas que puedas mejorar. Además hay unos principios universales de ahorro e inversión que la mayoría desconocen o no lo cumplen. La combinación de estos tres factores (ofrecer un producto o servicio, el ahorro y la inversión) facilita amasar grandes cantidades de dinero.

El tercer paso es actuar de forma constante. Desear la riqueza y saber cómo lograrla no es suficiente. Hace falta la acción. Aquí reside la tercera clave: poner en práctica el ‘saber hacer’ de ser ricos. Muchas personas llegan a desear la prosperidad y algunas hasta a aprender el saber hacer, pero muy pocas personas tienen la constancia de seguir una serie de acciones y mantener la motivación.

   

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